Entrevista a Luis Guajardo, expresidente del Consejo Regional O’Higgins: «El dirigente tiene que participar y, de ser necesario, poner recursos propios y batallar»


20 de agosto de 2019

¿Cuándo ingresó al colegio?

Ingresé en 1956 a lo que entonces se llamaba la Sociedad Nacional de Contadores. Apenas egresé del Instituto Superior de Comercio de Rancagua, me hice parte del colegio.

¿Cómo recuerda aquellos años en términos de las actividades que se realizaban, la camaradería existente?

Tendría que escribir una memoria. Llevo 63 años vinculado a la institución. En sus inicios, éramos bien pocos los que participábamos, principalmente contadores mayores. No teníamos local propio así que teníamos que arrendar; era todo bien precario. Me invitaron a participar y ya en mi segundo año era dirigente de la institución.

¿Cómo fueron evolucionado las cosas en la medida que la Sociedad Nacional de Contadores se transformó en el Colegio de Contadores de Chile?

Bueno, primero nos cambiamos a un local más céntrico y amplio. Posteriormente, compramos una sede lo que fue muy difícil. No es fácil pedir a los dirigente del Colegio de Contadores que hagan inversiones. Tuve que demostrar que estábamos en condiciones, al contar con 50 asociados, que no cabíamos en una sala al reunirnos. Esa es la actual sede que posee el Consejo Regional de O’Higgins, la cual compramos en la década de los sesenta.

Fui presidente regional hasta 2002. Después, me retiré. Estuve en todos los cargos y poco antes del golpe de Estado ya era presidente regional.

Durante mi período se compraron las tres sede con que cuenta el regional: Rancagua, San Fernando y Santa Cruz.

¿Qué lo motivó a seguir durante tantos años como dirigente?

Bueno, había que hacerlo y se podían hacer cosas. Empezamos con diez asociados y llegamos a 400 en toda la región. Teníamos que recorrer la región, celebrar reuniones, dictar charlar, etc.

A medida que pasaba el tiempo y los resultados se daban, más nos motivábamos. De hecho, tuvimos que poner dinero de nuestro bolsillo para terminar de financiar la compra de la sede.

El dirigente tiene que participar y, de ser necesario, poner recursos propios y batallar. Yo estuve en todos los congresos nacionales e internacionales, salvo uno en Japón al cual no pude asistir porque no alcancé a ahorra el suficiente dinero para cubrir el alto costo de los pasajes.

Lo importante es que la profesión crezca.

¿Cómo observa al Colegio de Contadores actualmente?

Diría que incluso tiene más importancia que antes, amén de todos los cambios normativos que se han ido produciendo; esto se ha convertido en una oportunidad para posicionarse y que entren nuevos colegiados. El Colegio de Contadores es la continuidad de la profesión. El que no está aquí puede seguir trabajando, claro, y todos dicen que el colegio no da nada, pero yo insisto en que la clave está en participar activamente dentro del colegio: en comisiones, congresos, en fin.

¿Por qué cree que los profesionales jóvenes no se integran masivamente en el colegio?

Algunos reciben sus credenciales y se alejan. Creo que a nivel local hemos logrado ciertos niveles de renovación: la directiva regional se renovó completa hace cuatro años, por ejemplo.

Como expresidente regional y contando con una importante trayectoria, ¿qué consejos le daría a las directivas regional y nacional?

Con respecto a los dirigente nacionales, ellos tienen la obligación de dialogar permanentemente con la autoridad política sobre los cambios normativos que se van produciendo y participar de forma activa desde lo comunicacional; la autoridad debe enterarse de lo que hacemos como garantes de la fe pública.

¿Y a nivel regional?

Hay mucha participación. Yo, por ejemplo, voy a todas las reuniones.

¿Qué ha significado para usted el Colegio de Contadores de Chile?

La continuidad de la profesión. Hay que estar dentro para darse cuenta de la función que desempeña en el ejercicio profesional. Para mí ha sido positivo desde cualquier punto de vista; aprendí no solo sobre temas técnicos sino desde el punto de vista humano. Es un espacio de encuentro con los colegas.